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Buena señal en telecomunicaciones Javier Corral/ diputado por el PAN La legislación es el instrumento fundamental para establecer los criterios sobre los cuales se desarrollen los principios constitucionales que prohíben las prácticas monopólicas y los fenómenos de concentración en radio y televisión. Hace falta una reforma integral en materia de espectro radioeléctrico en su conjunto, que abarque la convergencia de servicios de radiodifusión con redes de telecomunicación.
Pero si el Congreso no llevara acabo ese cambio, el gobierno de la República estaría obligado a ello. Afortunadamente, el presidente de la República planteó, el 2 de septiembre, en el mensaje político de su Tercer Informe, una definición muy importante. Se manifestó por una reforma de fondo del sector de las telecomunicaciones, incluida la radio y la televisión. Ha señalado la necesidad de que en México se asegure convergencia, competencia y cobertura, lo que anunció al inicio de su mandato. Lo interesante ahora es que el presidente le ha puesto un poco de apellido a cada uno de estos temas y lo que significa. Acceso no sólo a mejores servicios de calidad y precio en telecomunicaciones, sino a apertura en telefonía, internet, radio y televisión. Este pronunciamiento tiene una enorme consecuencia política; primero, porque pone el tema en la cancha del Congreso, asunto frente al cual los propios legisladores miembros del partido en el gobierno, nos detona un impulso y un compromiso de acompañamiento, pero no sólo a nosotros, sino a todo el Congreso. Si el Congreso se negara a poner límites a la concentración en las frecuencias de radio y televisión, el gobierno del presidente Calderón estaría obligado, en la esfera de sus facultades y con las actuales concesiones de ley e, inclusive, con la actual integración del organismo regulador, a iniciar un auténtico proceso de apertura de la televisión mexicana. Lo anterior, no sólo para atender la propuesta de una nueva cadena nacional de televisión de uso comercial, sino también para ampliar las propias redes de Canal Once y de Canal 22, para convertirlas en cadenas nacionales de televisión pública, que las convierta en instrumentos de radiodifusión de servicio público. Hay muchas alternativas para abrir la radiodifusión y la televisión. Otra, sería la de abrir el título de concesión de Teléfonos de México (Telmex) para que pueda dar el servicio de televisión. Creo que ha llegado la hora de discutir, ya no el derecho que tiene el empresario de las telecomunicaciones (Carlos Slim) para dar el servicio de televisión, sino fundamentalmente las condiciones sobre las que debiera abrirse ese título de concesión. Técnicamente eso es factible, y podría ser el mayor contrapeso a la actual televisión privada, pues tiene reconvertida prácticamente toda su red para el servicio de televisión. Obviamente, una medida de ese tamaño, nos genera a muchos una preocupación adicional, siendo Telmex el monopolio de las telecomunicaciones, por lo menos en telefonía básica. Porque también se debe obligar a Teléfonos de México a generar las condiciones para el acceso equitativo a la interconexión en México. No podemos estar pensando sólo en términos de medios analógicos. Estamos obligados a pensar en el futuro, con las nuevas tecnologías de la información, como un detonador del desarrollo económico, y de la democratización de la información, como un verdadero contrapeso y equilibrio al sistema concentrador oligopólico y duopólico. Es uno de los temas fundamentales que el gobierno de la República debería atender. Fundamento constitucional hay, criterio de la Corte, existe. Debe haber voluntad política del Legislativo y del Ejecutivo para poner fin a un modelo vergonzoso, quizá el último en el mundo, que mantiene acaparado, la radio y la televisión, en unas cuantas familias, y las telecomunicaciones en una sola empresa.
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