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Martes 23 de Marzo de 2010 15:13

Releer a García Canclini

 

Raúl Trejo Delarbre

 

Explorador de la diversidad, Néstor García Canclini ha mantenido una mirada atenta y un ánimo creativo, dispuestos lo mismo a la disección de asentadas tendencias en las culturas nacionales que a identificar novísimos rasgos en la globalización. Ese recorrido fructífero no hubiera sido posible sin un constante afán para nutrir su capacidad de asombro.

Migrante profesional, García Canclini transita de las artesanías chiapanecas a la pintura vanguardista, de las historietas a Julio Cortázar e Italo Calvino, del Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México a la feria mundial de Sevilla, de los relatos regionales a la televisión planetaria, del libro convencional al formato digital. La obra de García Canclini está repleta de referencias pictóricas, fílmicas, literarias, icónicas, mediáticas, porque en ellas se apuntalan sus creativas reflexiones.

Cada uno de esos episodios y expresiones culturales cobra dimensión gracias a esa aptitud para admirarse que es rasgo de una inteligencia abierta a lo novedoso.

Hoy que disponemos de internet, blogs y Wikipedia, en los que es posible encontrar referencias y manifestaciones culturales de una profusión sin concierto claro, García Canclini advierte: “No hay que dolerse de que la exuberancia de datos y la mezcla de lenguajes haya arruinado un orden o un suelo común que sólo era para pocos. El riesgo es que el viaje digital errático sea tan absorbente que lleve a confundir la profusión con la realidad, la dispersión con el fin de los poderes y que el encandilamiento impida renovar el asombro como camino hacia otro conocimiento” (Lectores, espectadores e internautas).

 

Globalidad de ida y vuelta

Ésas parecen las instrucciones que García Canclini se ha impuesto a sí mismo en una travesía que le ha tomado varias décadas: los muchos hallazgos y la sinuosidad de la ruta no difuminan el propósito de ese recorrido intelectual. Los árboles no impiden mirar el bosque, aunque sin ellos no hay descripción del entorno cultural que valga la pena. El de García Canclini es un recorrido motivado por la gana de identificar la mixtura de situaciones y tendencias que construyen la diversidad cultural, y orientado por el desdén a las concepciones maniqueas y a los fundamentalismos de cualquier índole.

García Canclini rompe deliberadamente con esa suerte de pensamiento único mecánico y reduccionista que hace de la globalidad un contexto unidimensional. En contra de esa inercia que con frecuencia se vuelve facilismo intelectual, apuesta por una globalidad que signifique intercambios multiculturales pero también pluri mediáticos de ida y vuelta:

“Intensificar los intercambios de arte, literatura, cine y televisión de calidad, que presenten las trayectorias de cada sociedad, puede contribuir a liberarnos de los estereotipos, de uno y otro lado, y a pensar juntos en lo que es posible hacer en nuestras sociedades, y entre ellas, para que sean menos desiguales, menos jerárquicas y más democráticas” (La globalización imaginada).

Antes que nada, la globalización es un espacio –una vasta colección de espacios, cabe precisar– donde transcurren procesos tan múltiples como desiguales. Pero también puede ser un territorio para “pensar juntos”. Las tecnologías de la información, acicate a la vez que resultado de la internacionalización de las economías, nos traen datos de los más inimaginables confines y nos hacen más contemporáneos de nuestro mundo, aunque no por ello lo entendamos mejor.

Observamos una difuminación de fronteras, así como de paradigmas –analíticos, teóricos, políticos, ideológicos, a veces también sociales y hasta personales– en la cual pretendemos construir nuevos puntos de referencia sin haber saldado cuentas con los que estamos abandonando.

Tenemos la sensación de asir al mundo, sin reparar en la manera como esa proliferación de datos y conexiones nos coloca a merced de los intereses corporativos que por lo general condicionan nuestras percepciones del mundo y la posibilidad misma de estar conectados. García Canclini experimenta, entiende y explica esos cambios gracias a que sabe reconocerse sujeto de ellos y advierte la pertinencia de que seamos actores en tales procesos. Uno de los méritos, y no el menor de este estudioso, radica en la capacidad que mantiene para atestiguar, a la vez que sabe descifrar las claves de esta oleada de procesos culturales y de esa manera comunicacionales.

Empeñado en mantener una mirada inquisitiva, consciente de los riesgos que experimenta el intelectual lo mismo al dejarse embriagar por el vértigo de transformaciones culturales fascinantes e inéditas que cuando se empecina en un negacionismo ofuscado por la suspicacia, García Canclini discute sus propios marcos conceptuales, revisa metodologías, pasa de la crítica de la rigidez de los estudios comunicacionales al examen nada complaciente de los enfoques antropológicos, se apoya en la indagación estadística para más tarde señalar sus insuficiencias, transita del estilo libre del ensayo a la explicación sistemática del libro, siempre con un fresco afán de búsqueda.

 

Obra congruente y constante

Esa pasión por identificar el pulso de las transformaciones culturales sin deslumbrarse con las novedades y afianzando siempre sus indagaciones en la historia –regional, nacional, étnica, social, cultural en fin– es uno de los hilos conductores en la obra de García Canclini durante más de dos décadas. Del reconocimiento de la heterogeneidad en la construcción de identidades sociales en Culturas híbridas, cuando al preguntarse sobre los rezagos de Latinoamérica en su marcha a la modernidad encuentra que lo popular se afianza tanto en las artesanías y el folclor como en el sincretismo cultural que llega a los medios de comunicación de masas, García Canclini pasa a documentar El consumo cultural en México la obra colectiva de la que fue coordinador y que resulta esencial para reconocer que al público, para entenderlo, es preciso asumirlo en plural y que los gustos de esos públicos se construyen en procesos complejos, donde las historias y los contextos acotan la influencia de tradiciones, escuela, sociedades y de los medios de comunicación, entre otros factores.

En Consumidores y ciudadanos, oportunamente subtitulado “conflictos multiculturales de la globalización”, describe el papel de las ciudades como escenarios y actores de la globalización latinoamericana, así como la variedad de influencias (étnicas, fílmicas, mediáticas) en la definición de los gustos culturales que proliferan en tales urbes. Culturas en globalización, libro colectivo coordinado por García Canclini, documenta las paradojas de nuestra región en la hora de la integración comercial con América del Norte.

La globalización imaginada se instala en un mundo cuyas fronteras geográficas se difuminan de manera inversamente proporcional a la multiplicación de sus diversidades; los contrastes entre McDonald’s y Macondo, entre la heterodoxia cultural en Tijuana –ciudad bisagra– o la en tantos sentidos entrañable Buenos Aires y el cosmopolitismo mediático de Nueva York y Miami, son parte de procesos donde multiculturalidad, multiplicidad, interdisciplina, interculturalidad, se yuxtaponen y complementan. Latinoamericanos buscando lugar en este siglo prosigue esa afanosa búsqueda de la identidad y la diversidad, ahora desde una asombrada perspectiva regional acotada por una nueva trasnacionalización financiera que es el marco, a su vez, de cualquier empeño de creación y/o propagación culturales.

Diferentes, desiguales y desconectados, ajusta cuentas con algunas de las tradiciones intelectuales representadas por autores como Pierre Bordieu y Clifford Geertz, pero además se asoma a la vital cuan extendida cultura juvenil afianzada en formatos digitales y que se ha vuelto refugio y coartada en tiempos de acentuada desconfianza política. Lectores, espectadores e internautas, elige el formato del léxico directo y con frecuencia divertido para imbricar el comentario a las nuevas formas de creación y propagación de contenidos en la perspectiva de una deseada lo mismo que limitada ciudadanía cultural.

 

Medios, identidad, diversidad

Diversidad e identidad se complementan, entrecruzándose, en el pensamiento de García Canclini. Su acercamiento a los medios de comunicación surge de la inquietud para establecer los afluentes que conforman identidades culturales y sociales. Más adelante advierte la presencia de identidades diversas en los contenidos mediáticos. Desde Consumidores y ciudadanos, este autor encuentra que “en las nuevas generaciones las identidades se organizan menos en torno de los símbolos histórico–territoriales, los de la memoria patria, que alrededor de los de Hollywood, Televisa o Benetton”.

Los medios son espacios de propagación y dispersión, así como de reelaboración e incluso distorsión de lo popular. Tales medios, acota García Canclini, “que hicieron irrumpir a las masas populares en la esfera pública, fueron desplazando el desempeño ciudadano hacia las prácticas de consumo. Se establecieron otros modos de informarse, de entender las comunidades a las que se pertenece, de concebir y ejercer los derechos” (Consumidores y ciudadanos).

La preponderancia mediática tiene como resultado el debilitamiento del espacio público. El parlamento, las calles como escenario de demostraciones sociales y otros ámbitos, han sido desplazados por negociaciones en las élites políticas. El conflicto se desplaza “a lugares herméticos, a fuerzas que los ciudadanos no pueden enfrentar” (Consumidores y ciudadanos).

O, como apunta en un libro más reciente: “Antes los uniformados eran los que brindaban servicios públicos (bomberos, carteros, médicos, policías) y quienes se agrupaban por identidades deportivas (los jugadores de un mismo equipo y sus adherentes). En las calles vemos ahora que los uniformes distinguen marcas comerciales: los que venden tarjetas de las compañías telefónicas, publicitan refrescos y comida chatarra” (Diferentes, desiguales y desconectados).

 

Políticas culturales

García Canclini no se contenta con diagnosticar y explicar las interconexiones entre consumo, cultura y medios. Insistentemente, su reflexión conduce a la crítica de las políticas culturales o a la franca inexistencia de ellas, así como a la presentación de propuestas para hacerlas factibles. No en balde es conocido como un investigador muy activo en la revisión de políticas públicas.

Esas propuestas, están pensadas con objetivos claros. “Una política es democrática tanto por construir espacios para el reconocimiento y el desarrollo colectivos como por suscitar las condiciones reflexivas, críticas, sensibles para que sea pensado lo que obstaculiza ese reconocimiento” (Culturas híbridas).

Las políticas culturales deben ir más allá de “la preservación de patrimonios monumentales y folclóricos, y en promover las artes cultas que están perdiendo espectadores (plástica, teatro, música clásica)”, exige en Consumidores y ciudadanos. La capacidad de las políticas públicas respecto de los medios, subraya, se redujo con la privatización de radiodifusoras y televisoras. Con la desregulación comunicacional, establecida tanto en acuerdos comerciales como en acciones y omisiones variadas, nos encontramos ente “el retiro del Estado como posible agente del interés público”.

Y apunta en Culturas híbridas: “Transferir la iniciativa a la sociedad civil quiere decir, para el discurso neoconservador, concentrar el poder en empresas privadas monopólicas”.

Ya en los últimos años del siglo XX, García Canclini reconoce las limitaciones de los procesos de privatización en distintas zonas de América Latina: “Luego de una década de privatizaciones no vemos que las empresas privadas hagan funcionar mejor los teléfonos, ni las aerolíneas, ni eleven la calidad de los programas en las radios y televisoras. Más que encerrarnos en el dilema Estado vs. mercado, hay que concebir políticas que coordinen a los diversos actores participantes en la generación e intermediación cultural. No se trata de restaurar al Estado propietario, sino de repensar el papel del Estado como árbitro o garante de que las necesidades colectivas de información, recreación e innovación no sean subordinadas siempre al lucro” (Consumidores y ciudadanos).

Maniatado por sus propias decisiones, el Estado deja al arbitrio y al interés de las corporaciones la capacidad de darle voz y propagar cultura a y en la sociedad. Y mientras más recursos comunicacionales se concentran en menos manos, las posibilidades de los consorcios mediáticos son mayores.

“La fusión reciente entre empresas de las tres áreas industriales involucradas en las TIC –las telecomunicaciones, la electrónica y la informática– está agigantando el poder de estos actores privados trasnacionales y estrechando el ámbito de acción de los Estados y movimientos sociales” (Diferentes, desiguales y desconectados).

Pero, mucho ojo, esa concentración de capacidades comunicacionales hace preocupantes pero no omnipotentes a las empresas mediáticas. “El poder no está contenido en una institución, ni en el Estado, ni en los medios de comunicación… los sectores llamados populares participan en esas relaciones de fuerza” (Culturas híbridas).

 

Los diablos de Ocumicho

García Canclini nutre sus reflexiones en la abundancia expresiva que se propaga a través de numerosas modalidades y soportes. Música y fotografías, museos y televisoras, grafitis y blogs, forman parte de sus territorios de análisis. A comienzos de los años 80, en Las culturas populares en el capitalismo, describe la creación de los diablos de Ocumicho, el pueblo en Michoacán que le llama la atención por la originalidad de sus diseños y por sus sistemas de distribución comercial.

En Culturas híbridas se ocupa nuevamente de ellos y recuerda una de las explicaciones que le dieron los alfareros de esa población para haberlos reproducido. El diablo, “recorría Ocumicho y molestaba a todos. Se metía en los árboles y los mataba. Entraba en los perros, y no hacían más que agitarse y gritar. Luego persiguió a la gente, que se enfermaba y enloquecía. A alguien se le ocurrió que había que darle lugares donde pudiera vivir sin molestar a nadie. Por eso hicimos diablos de barro, para que tuviera dónde estar”.

Pero en nuestra tecnificada y globalizada sociedad mediática, no todos tienen sitios dónde alojarse para ser reconocidos como actores sociales con inquietudes y agendas propios. El derecho a la comunicación no es para todos, de tal manera que no todos tienen ubicación en el actual entorno comunicacional. Casi tres décadas después de que se publicó aquella explicación recogida por García Canclini sobre los diablos de Ocumicho, ese poblado de Michoacán ha adquirido nueva relevancia cultural por la presencia de otro tipo de demonios.

A comienzos de este 2009, la policía federal ocupó de manera violenta la radiodifusora comunitaria en Ocumicho y arrestó a varias mujeres que trabajaban ahí. Una de ellas, Rosa Cruz, actualmente está sujeta a proceso penal por haberse desempeñado como locutora en purépecha.

Ahora, como cuando García Canclini emprendía sus primeros estudios de la cultura popular mexicana, valdría la pena hacer un esfuerzo para que, como los diablos de Ocumicho, todos los actores del escenario comunicacional puedan coexistir: “para que todos tengan donde estar”.

Última actualización el Martes 23 de Marzo de 2010 18:58
 
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