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Por qué fallaron las encuestas: Rafael Giménez PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Rafael Giménez   
Miércoles 01 de Agosto de 2012 11:10

 

Rafael Giménez Valdés

 

En 2000, cuando se presentó la primera encuesta pronosticando el triunfo de Fox, ésta causó risas ante el auditorio presente. La mayoría de las casas encuestadoras pronosticaban el triunfo definitivo y cómodo de Labastida. A raíz de esa elección, las encuestas electorales empezaron a ser cada vez más populares y se empezó a otorgarles una creciente atención, tanto por parte de los medios, como de los estrategas, empresarios y el público informado. En consecuencia, observamos una gran proliferación de oferta y demanda de encuestas, en especial en épocas electorales. Como sucede en todas las democracias en el mundo, los sondeos de opinión en México se han convertido en un factor muy importante en la toma de decisiones. 

En este momento de la vida política nacional es necesario hacer una reflexión acerca del papel nocivo que jugaron las encuestas en la elección presidencial del 1º de julio. Sin lugar a dudas, las encuestas dejaron de ser instrumentos estadísticos de investigación y se convirtieron en elementos propagandísticos del partido ganador: en lugar de medir las preferencias electorales en el momento en que eran levantadas, la mayoría de las encuestas publicadas cumplía con un objetivo primordial: generar la sensación de que la elección ya estaba decidida y que el candidato puntero era prácticamente infalible ante cualquier acontecimiento.

Si hacemos un recuento del proceso electoral que acabamos de vivir, observamos por lo menos lo siguiente: dos debates entre los candidatos, el segundo televisado en cadena nacional; un enfrentamiento conocido como “la mesa de la verdad” entre panistas y priistas acerca del cumplimiento de los compromisos del candidato del PRI como gobernador del Estado de México; una campaña de contraste que exhibía los compromisos no cumplidos de ese candidato y posteriormente mostraba evidencias de la corrupción y los vínculos del PRI con el narcotráfico; además de un evento desafortunado del candidato del PRI en la Universidad Iberoamericana que propició el surgimiento de un movimiento de protesta conocido como #YoSoy132; la intervención del presidente Calderón de manera indirecta en la elección cuando cuestionó datos expuestos por el candidato de la izquierda; una campaña negativa contra el candidato del PRD;  un escándalo en términos de recaudación de fondos dentro del equipo del candidato del PRD; varias denuncias de lavado de dinero, violación del tope de gastos de campaña y prácticas de compra de votos en contra del PRI; y la captura del ‘presunto’ hijo de “El Chapo” así como la retractación pública del gobierno federal ante este error. Asimismo, la población fue expuesta a una serie de spots, espectaculares, regalos, llamadas, visitas a domicilio, eventos proselitistas y similares en torno a todos los candidatos presidenciales.

La mayoría de las encuestas publicadas durante este proceso electoral y que hacían mediciones semanales y quincenales, convergieron en un diagnóstico: nada de lo anterior tuvo efecto alguno en el resultado electoral. Las campañas no funcionaron, las marchas no llamaron la atención, los debates no tuvieron efecto y los escándalos no importaron. Según estas encuestadoras, pudimos habernos ahorrado los 90 días de campañas, con los gastos que implican, y el resultado hubiera sido el mismo, el que estaba dado antes del arranque de las campañas.

Lo anterior es completamente falso y además es sumamente dañino para efectos de la democracia que intentamos fortalecer. Las campañas políticas tienen como fin último informar a los electores acerca de sus opciones a fin de que elijan al gobernante que mejor representará sus intereses. Sin campañas se obvia uno de las piezas más importantes del proceso democrático, que es, precisamente, este acercamiento con el votante para que haga la mejor elección. Querer pensar que los tres meses de intensas actividades electorales no tuvieron un impacto en el resultado de la elección es absolutamente irresponsable. 

 

Las dos corrientes y el efecto de publicación

Las casas encuestadoras que publicaron sus mediciones durante el  proceso electoral se dividen en dos corrientes: las encuestadoras prolíficas que desconocen efectos de campaña y las encuestadoras independientes que capturaron los movimientos en la intención de voto. Las casas de la primera corriente fueron las más prolíficas en medios de comunicación, tanto impresos como audiovisuales.  En este grupo incluimos a Con Estadística, Consulta Mitofsky, Buendía y Loredo, BGC, Indemerc-Louis Harris, GEA-ISA y Parametría. Estas agencias mantuvieron sistemáticamente a Enrique Peña Nieto con un margen de victoria de dos dígitos y cerraron sus publicaciones, anticipando un triunfo de este candidato por al menos 15 puntos porcentuales.

 

Agencias encuestadoras que sobreestimaron de manera sistemática a Peña Nieto

Empresa

JVM

EPN

AMLO

 

Margen de victoria pronosticado

Diferencia margen de victoria pronosticado

y real

Con estadística/Grupo Fórmula

25

44

27

 

17

10.2

Consulta Mitofsky

24

45

29

 

16

9.2

Buendía/El Universal

24

45

28

 

17

10.2

BGC/Excélsior

25

44

28

 

16

9.2

Indemerc/El Financiero

23

47

27

 

20

13.2

GEA-ISA/Milenio

23

47

28

 

19

12.2

Parametría/ El Sol de México

24

44

29

 

15

8.2

 

 

 

 

 

Margen de victoria real

 

Resultado oficial

26.1

39.2

32.4

 

6.8

-

 

 

El margen de victoria obtenido del PREP es de 6.8 puntos porcentuales (excluyendo votos nulos y por candidatos no registrados), lo cual quiere decir que estas agencias anticiparon un margen de victoria entre 8 y 13 puntos porcentuales por encima del que ocurrió en realidad. Enrique Peña Nieto no ganó de manera abrumadora sino que obtuvo un triunfo relativamente cerrado con respecto de López Obrador. Lo anterior significa que en realidad sí vivimos una elección competida que, en efecto, fue amoldándose a todos los factores que mencionamos con anterioridad.

Por otra parte, las agencias encuestadoras de la segunda corriente pronosticaron una elección más competida, desde muchas semanas antes del día de la elección y anticiparon un margen de victoria de máximo 11 puntos porcentuales. La diferencia entre el margen de victoria que pronosticaron y el real oscila entre menos de un punto porcentual y tres puntos porcentuales. Para estas agencias, Peña Nieto perdió en campaña casi 20 puntos, conservando de esta manera el margen necesario para ganar. Dentro de esta corriente incluimos a Berumen, Covarrubias, Demotecnia, Ipsos-BIMSA, Mercaei, Reforma y la encuesta encargada por el PAN a los autores de este artículo.

 

Agencias encuestadoras que anticiparon una elección competida

Empresa

JVM

EPN

AMLO

 

Margen de victoria pronosticado

Diferencia margen de victoria pronosticado

y real

Berumen

22

41

34

 

7

0.2

Covarrubias/SDP Noticias

26

41

30

 

11

4.2

Demotecnia/UNO TV

23

40

33

 

7

0.2

Ipsos-Bimsa

24

41

34

 

7

0.2

Mercaei

27

39

31

 

8

1.2

PAN

32

37

29

 

5

-1.8

Reforma

24

41

31

 

10

3.2

 

 

 

 

 

Margen de victoria real

 

Resultado oficial

26.1

39.2

32.4

 

6.8

-

 

 

¿Cuáles fueron los efectos de estas encuestas? Las agencias de la primera corriente publicaban sus mediciones una vez a la semana en días consecutivos entre ellas. Por lo tanto, entre lunes y jueves existía un reforzamiento constante de todas estas empresas recalcando que las preferencias no se movían y Peña Nieto era invencible. Aunado a esto, los encuestadores se presentaban casi a diario en distintas estaciones de radio o en televisión martillando sus pronósticos a la audiencia. Si a esto agregamos el experimento fallido que resultó ser la encuesta de GEA-ISA que publicaba un dato diario en Milenio TV y que se replicaba al día siguiente por parte de todos los conductores y columnistas de este medio, podemos estimar que la población estuvo expuesta a este mensaje de manera casi ininterrumpida durante todo el proceso.

En contraste, las agencias de la segunda corriente, quienes anticiparon elecciones competidas, únicamente realizaron entre una y tres encuestas cada una, en el mejor de los casos. Berumen, que anticipó un crecimiento de López Obrador, tuvo una publicación. María de las Heras, que pronosticó una caída de Peña Nieto, publicó en dos ocasiones. Reforma, que también anticipó un acercamiento muy importante entre Peña y López Obrador, publicó sólo tres encuestas. Mercaei, que presentó el dato más cercano al resultado final, publicó tan sólo una vez.

Lo anterior representa una diferencia de al menos 20 a uno entre el alcance de las encuestas de la primera corriente y aquéllas de la segunda corriente. Las encuestas fueron utilizadas como propaganda electoral del PRI para generar la sensación de un triunfo inevitable y contundente de Peña Nieto. Como consecuencia, las élites políticas adaptaron su comportamiento a esta expectativa; los estrategas políticos tomaron decisiones sensibles con base en esta información, y los ciudadanos que simpatizaban con los contendientes de Peña dejaron de ir a votar; y los que sí lo hicieron llegaron a las urnas con la expectativa de una terrible derrota.

 

Repensando el panorama

¿Fuimos testigos de un uso arbitrario y abusivo de las encuestas electorales? Creemos firmemente que sí. Las agencias de la primera corriente se presentaban como encuestadoras independientes y autofinanciadas o financiadas por algún medio de comunicación; sin embargo, despierta una tremenda duda que todas ellas sobreestimaran en forma sistemática al candidato del PRI. En estos casos no es válido simplemente acertar al ganador. El margen de victoria es relevante en la generación de expectativas de todos los interesados que modifican su comportamiento de acuerdo con esto.

Cuando además exploramos el historial de la mayoría de las agencias de la primera corriente y observamos que siempre sobreestiman al mismo partido, tanto en elecciones federales como estatales y locales, es necesario repensar el panorama: ¿Cuáles son sus incentivos; se puede explicar sus errores por un problema de muestreo, efecto de cuestionario o una problemática con su campo; en todas las ocasiones; por qué no lo han corregido? En realidad no existen incentivos para enmendar este tipo de errores, debido a que no existe un castigo en términos de prestigio, contrataciones o incluso una sanción por parte de las autoridades electorales.

Por el contrario, estas agencias gozan de un cuasi dominio de la industria, lo cual fue evidenciado por su presencia en casi todos los medios de comunicación, sin dar lugar alguno a encuestas disidentes, salvo la del periódico Reforma que, como ya mencionamos, únicamente publicó tres datos. La principal preocupación es que este cuasi dominio se acabe consolidando con el gobierno del PRI y termine por afectar irremediablemente a nuestra democracia.

Ante todo, debemos considerar que la gran mayoría de las agencias encuestadores que publican en los medios de comunicación principales de este país tienen vínculos económicos importantes con el PRI o el Partido Verde, que formaron coalición para postular a Peña. Eso no tendría nada de malo, si lo reportaran en forma adecuada cuando publican una encuesta, de tal modo que el lector de la misma tenga una precaución oportuna al interpretar los resultados de cada agencia o medio de comunicación que la difunde.

 

Intervención necesaria

En estos momentos se requiere de manera urgente una intervención contundente por parte del Instituto Federal Electoral en el tema de la regulación de encuestas. Ya están en proceso propuestas de iniciativas que incluyen: transparentar el financiamiento, la posible certificación de las agencias que piensan publicar en procesos electorales futuros y los requisitos de presentar metodología, resultados y bases de datos para dar seriedad a sus estudios. Asimismo, una iniciativa retomó la propuesta de los autores de este artículo de hacer público el historial de cada casa encuestadora previo al inicio de un proceso electoral para que la población conozca si una agencia tiende a sobrerrepresentar a un partido político o si tiene alguna inclinación partidista.

Todo lo anterior se ha propuesto con el fin de que estos instrumentos científicos que fueron usados en forma arbitraria como publicidad estén sujetos a un marco legal que les impida volver a publicar de manera indiscriminada datos equivocados sin hacer públicos sus posibles incentivos, fuentes de financiamiento o filiaciones políticas. Engañar a la población con datos estadísticos amañados minará las fundaciones más importantes de nuestra democracia en el mediano plazo.

El gremio encuestador debe recuperar su prestigio y credibilidad porque las encuestas tienen un valor esencial en la toma de decisiones. El panorama más grande nos obliga a priorizar el valor de las encuestas como herramientas estadísticas de investigación por encima de cualquier otra función que podamos estar tentados a darles. Pero como consumidores de encuestas, tampoco debemos permitir que la elección de 2012 genere impunidad acerca de la forma como se difundieron las encuestas, más como propaganda política,  que como técnica objetiva para conocer las preferencias de los mexicanos.

El abuso en el manejo de encuestas de 2012 es una situación que no debemos permitir se repita en próximas elecciones de nuestro país.

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CITAS- ENTRESACADOS

 

1.- La mayoría de las encuestas publicadas durante este proceso electoral y que hacían mediciones semanales y quincenales, convergieron en un diagnóstico: nada de lo anterior tuvo efecto alguno en el resultado electoral.

2.- El abuso en el manejo de encuestas de 2012 es una situación que no debemos permitir se repita en próximas elecciones de nuestro país.

Última actualización el Lunes 19 de Noviembre de 2012 15:18
 
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