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La Sexta: una aventura frustrada de Televisa PDF Imprimir Correo electrónico
 José Ferruzca González  
El sueño de consolidación y expansión de Televisa en Eu­ropa terminó el pasado 1 de marzo cuando el corporativo mexicano formalizó su integración en el Grupo Imagina, considerado el mayor productor en España de con­tenidos audiovisuales. Ambas em­presas aseguraron que la operación había sido exitosa y que podría tra­ducirse como una estratégica alian­za mediática. El convenio se fraguó en diciembre de 2011 como parte de la fusión de las cadenas Antena 3 y La Sexta, esta última participada e impulsada desde su nacimiento, en 2006, por la empresa de Emilio Az­cárraga Jean. El contrato de entrada de la televisora en la productora exi­gía, tal y como sucedió, que Televisa se desprendiera del 40.8 por ciento de acciones de La Sexta. De manera que -mientras en la parrilla televisi­va ibérica se consolida la presencia de grupos mediáticos extranjeros-los mexicanos salen de ella. La grave crisis económica que sufre España desde 2007 está facilitando la lenta pero constante penetración de inversores extranjeros en un merca­do mediático y publicitario marcado por el desempleo y la disminución de la facturación. Sin embargo y tras haber sido implantada la Televisión Digital Terrestre (TDT) desde octubre de 2010, de los 24 canales con mayor audiencia en España, en al menos 20 existe una mayoritaria presencia de capital extranjero, en especial italia­no y alemán. El principal competidor de la fu­sión de Antena 3 y La Sexta -que se encuentra aún en estudio en la gubernamental Comisión Nacional de la Competencia-, es el grupo au­diovisual Mediaset, propiedad del polémico ex primer ministro italia­no Silvio Berlusconi que, a través de sus hombres de máxima confianza en España, Paolo Vasile y Guisseppe Tringali, detenta el 41.5 por ciento de una cadena que emite los cana­les Telecinco, Cuatro, La Siete, FDF, Divinity, Energy, Boing y La Tien­da en Casa. En ese accionariado se añaden el consorcio estaduniden­se Tweedy Browne (4,4 por ciento) y el español Prisa –participada por el fondo estadunidense Liberty, la japonesa Daiwa, el banco francés BNP-Paribas o la Inmobiliaria Carso de Carlos Slim–, dueño a su vez del diario El País. De la más que segura fusión de Antena 3 con La Sexta estará na­ciendo el segundo grupo mediático español en importancia. Controlará los canales Antena 3, Nova, Nitro, Neox, La Sexta, La Sexta 2, La Sexta 3 y el Canal de pago Gol TV. En su interior existe una alianza entre la editorial española Planeta y la ita­liana De Agostini (44.5 por ciento). En el accionariado también apare­cen la alemana UFA Film (20.5 por ciento) y el fondo de inversión con domicilio fiscal en las islas Bermu­das, Fidelity International Limited (1.87 por ciento). Las estadísticas de la Asociación de Usuarios de la Comunicación (AUC) reflejan que Mediaset y Grupo Antena 3-La Sexta suman 16 canales que acaparan el 52.1 por ciento de la audiencia (27.5 por ciento y 24.6 por ciento, de manera respectiva), más de la mitad de los televisores espa­ñoles estuvieron sintonizando algu­na de sus señales que, en el fondo, están controlados por extranjeros. En materia de publicidad, las cifras también impresionan: 85 por ciento de los ingresos que por ese concepto se generan en España van a parar a las arcas de esos dos consorcios.Con la TDT comenzaron a ope­rar los canales Marca TV, Discovery Max, 13 TV y AXN, propiedad de Veo Televisión, empresa de Unidad Edi­torial (Unedisa), editora del diario El Mundo, y controlada en un 96,3 por ciento por la italiana RCS Me­diaGroup.Por supuesto que la presencia mayoritaria de extranjeros en la parilla española está condicionan­do las decisiones estratégicas y, por ende, los contenidos que se emi­ten. Asociaciones de consumido­res, de defensores del espectador y de padres de familia han venido de­nunciando y lamentado que en los últimos años la “forma de hacer te­levisión en España, haya cambiando”. El ejemplo más claro es la italianización de Telecinco, asegu­ran. De noticieros, programas de entretenimiento, musicales, series españolas o estadunidenses, se ha saltado a dar preferencia a espacios que dedican horas a la información más escandalosa y sensacionalista del corazón (prensa rosa). No pasa desapercibida la multiplicación de los talk-shows donde el sexo y el morbo tienen un exagerado prota­gonismo. La esencia proviene del ‘imperio’ de Silvio Berlusconi en cuyo conglomerado mediático hay un ma­trimonio entre los intereses políticos y económicos de la clase gobernan­te. Lo cierto es que funciona debido a que todos los máximos índices de audiencia son para Telecinco.Su competidor, Antena 3, ha em­prendido una estrategia diferente tratando de colarse a los hogares como la “televisión blanca y fami­liar”: dan preferencia a la oferta de­portiva, las películas de estreno, programas de revista familiar, de concurso y telenovelas. Justo, ése era el público al que Televisa pretendía cautivar tras la fusión con La Sexta. 
La corta historia 
Con el desembarco de Televisa en La Sexta, el grupo mediático mexi­cano se convertía en el primer latinoamericano que, con socios es­pañoles, incursionaba en el mercado televisivo español de señal abierta con un 40 por ciento de acciones. El 60 por ciento restante es del Grupo Audiovisual de Medios de produc­ción (Gamp), al que pertenecen las empresas productoras españolas Bainet, Drive, El Terrat y Mediapro, además de la compañía audiovi­sual Grupo Árbol. Además, hacía su aterrizaje de la mano del magnate ibérico Jaime Roures, propietario de Mediapro, considerado por los ana­listas políticos como muy cercano a la izquierda y al Partido Socialista Obrero Español (PSOE). De hecho, la concesión de espacio en el espectro ibérico se dio durante el primer Go­bierno del socialista José Luis Rodrí­guez Zapatero.En la presentación de la progra­mación de La Sexta en marzo de 2006, su presidente, el polifacéti­co “showman” y productor Emilio Aragón y el consejero delegado José Miguel Contreras, aseguraban que la cadena sería una televisión inno­vadora, bienhumorada y con iden­tidad propia, además de proclamar que emitirían formatos nuevos: “unos vistos y otros enfocados de manera diferente”.Mediapro y Grupo Árbol termina­ron fusionándose dando paso a un consorcio de comunicación con pre­sencia en Portugal, Estados Unidos, Holanda, Qatar, Hungría, Repúbli­ca Dominicana, Argentina, México, Brasil, Colombia y Venezuela. En ese panorama empresarial, los analis­tas adelantaban que la intención de Televisa era quedarse a corto plazo con la participación de algunos de sus socios en La Sexta debido a que “no tenían el músculo para mante­ner el tirón” de inyección económica que la empresa de Emilio Azcárraga Jean estaba dispuesta a hacer: 200 millones de euros hasta 2010.Las posibilidades de negocio en España para Televisa eran prome­tedoras porque se basaban, en ese entonces, en un boyante mercado publicitario, un idioma común, a categoría de sus socios y el buen conocimiento del país de acogida. Su plan de trabajo incluía adaptar para el público mexicano los pro­gramas más exitosos de La Sexta, usar sus instalaciones en México para producir programas para Es­paña y realizar coproducciones conjuntas para el mercado hispano de Estados Unidos.  Pero, el encanto se rompió al ha­cer un balance del ejercicio fiscal de 2010. En ese año, Televisa presu­mía haber ganado unos 680 millones de dólares -un 29.4 por ciento más que en 2009- gracias a todos sus negocios... a excepción de La Sex­ta. La cadena en España era la única de sus filiales que generaba núme­ros rojos. A los directivos mexicanos les preocupaba la rentabilidad de su participación accionaria que ascen­día al 40.5 por ciento. Les urgía que generara dividendos, sobre todo tras hacerse, en octubre de ese año, con el 5 por ciento de las acciones de Uni­vision a un costo de 1 mil 200 millo­nes de dólares. Con ese movimiento avanzaba en su viejo propósito de apropiarse de una mayor tajada del floreciente mercado hispano en el país vecino.En La Sexta, Televisa había tenido que aportar 251.6 millones de euros: 105.6 en 2006, 65.9 en 2007, 44.4 en 2008 y 35.7 millones de euros en 2009. Ésos no fueron los únicos desembolsos porque, en su calidad de socio, tuvo que prestar a la cadena 21.5 millones de euros en 2010.En ese mismo año, de acuerdo con cifras aportadas por la empresa de Emilio Azcárraga Jean, se confir­maba que las pérdidas económicas en sus afiliadas llegaba a los 17.68 millones de euros. En realidad, po­drían interpretarse como una re­ducción gracias al impacto que en sus finanzas tuvo la venta de Volaris durante el tercer trimestre del cita­do año.Esos 17.68 millones de dólares se correspondían a la diferencia de efectivo que debe aportar a sus filia­les para reforzar sus balances anua­les y el metálico que recibe de ellas a manera de beneficio. Ese saldo de hace dos años era negativo, gracias exclusivamente a las pérdidas en La Sexta: los 251.6 millones de euros comprometidos inicialmente más los 21.5 millones de euros por con­cepto de préstamo.Aunque para un gigante como Televisa, una inversión de 271 mi­llones de euros es asumible, los analistas aseguraban que la mayor incomodidad de la empresa mexi­cana era su nula capacidad para la toma de decisiones clave en La Sexta a pesar de poseer el 40.5 por ciento de su accionariado; caso raro en el mundo empresarial. Desde esa perspectiva, el consejo era ven­der, sin embargo, la primera opción buscada por el consorcio mexicano pasó por impulsar una alianza con Antena 3, operación que implicaría la entrada de dinero, el aumento de su influencia y la posibilidad de vol­ver a pelear por el mercado publi­citario español tras la fusión de su rival, Telecinco con Cuatro TV.Tras un proceso de más de dos años, en diciembre de 2011 los con­sejos directivos de La Sexta y Ante­na 3 aprobaron su intención de fu­sionarse, la cual fue comunicada en forma inmediata para su evaluación a la Comisión Nacional del Merca­do de Valores (CNMV). El mecanis­mo elegido, en función del capital, importancia e infraestructura, fue “una fusión por absorción”. En el acta de compromiso, Antena 3 se comprometía a adquirir la totalidad del patrimonio de La Sexta, empre­sa que recibiría en contraprestación un 7 por ciento del capital social resultante del nuevo grupo mediá­tico que pondría al servicio de los televidentes ocho canales, los cua­les, según los datos de noviembre de ese año, acaparaban la atención del 25.7 por ciento de la audiencia española.El capital accionarial del nuevo consorcio estaría compuesto por un 41.7 por ciento de Planeta Di Agosti­ni, 19.2 por ciento de RTL y un 7 por ciento de La Sexta. De sus recursos, el 27.4 por ciento estaría en la Bolsa de Valores y el 4.7 por ciento en au­tocartera. Las proyecciones econó­micas de esa fusión eran excelentes para Televisa y sus socios españoles. Sin embargo, en el acuerdo incluía una condición: que los mexicanos se desprendieran de sus acciones en La Sexta. De esa manera, el 1 de marzo pasado se concretaba la entrada de la cadena mexicana en el Grupo Imagina, conformado por Mediapro y Globomedia (51.3 por ciento), WPP y Torreal (17.1 por cien­to). La empresa de Azcárraga Jean tiene ya un 14.5 por ciento de las acciones y nombrará dos directores operativos. A cambio, los socios es­pañoles se quedan con la totalidad de la participación mexicana (40.8 por ciento) en La Sexta.Imagina asegura que la operación acordada entre Televisa y sus so­cios españoles es una “muestra de la confianza que el grupo mexicano ha depositado en ella y en su futu­ro desarrollo a nivel mundial”. Afir­ma que tras su salida de La Sexta, la cadena mexicana “se convertirá en socio del principal proveedor de contenidos y servicios audiovisua­les para la industria española y uno de los más relevantes en el mun­do de habla hispana.” La realidad muestra que se trata de un retiro con olor a involuntario. 
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Última actualización el Viernes 21 de Diciembre de 2012 20:20
 
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