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Viernes 30 de Marzo de 2012 19:11

 Twitter: Políticos despistados, seguidores fatigados

Aunque los candidatos a la presidencia presumen tener decenas de miles de seguidores en Twitter, resulta que al menos la mitad de ellos siguen a dos o más aspirantes, lo que indica, por parte de ellos, más curiosidad que fidelidad, aspecto que descarta la posi­bilidad que esas cuentas sean inventadas por bots o robots digitales, nos dice en esta investigación Raúl Trejo Delarbre. Y, pesar de que esa red social se caracteriza por su inmediatez, apertura y contundencia, no es un espacio aprovechado para el debate o la interlocución, no obstante que en los últimos tres meses los principales aspirantes incre­mentaron en forma notable el número de seguidores.

 

Raúl Trejo Delarbre

 

Existe la creencia de que Twitter es un medio hori­zontal. Pero no todos esta­mos allí en iguales condi­ciones. Cada usuario tiene la misma oportunidad de lanzar mensajes a ese océano de tweets interminables, pero quienes cuentan con más se­guidores tendrán más posibilida­des de ser leídos. Allí se encuentra la primera causa de desigualdad en Twitter. Esa red social reproduce, con otros rasgos, la disparidad que existe en los medios convencionales y que no sólo es ocasionada por la malevolencia de los consorcios co­municacionales; se trata de un rasgo estructural de nuestra sociedad. La desigualdad es reproducida por las concepciones de autoridad, presti­gio, simpatía o empatía que llevan a un usuario de Twitter a suscribirse a una cuenta, en un proceso similar al que conduce a un televidente a ele­gir a uno u otro actor de telenovela o conductor de televisión.

En Twitter, claro, disponemos de un elenco numéricamente mucho más robusto que el que ofrece el “Canal de las Estrellas” para decidir a quién seguimos. Pero no deja de ser significativo el hecho de que los mexicanos con más seguidores sean, casi todos, personajes de televisión.

En marzo de 2012, los mexicanos con más seguidores en Twitter son la cantante Paulina Rubio, @paurubio (3 millones 443 mil seguidores), el cómico Roberto G. Bolaños, @Ches­pirito, RGB (2 millones 728 mil), la cantante Dulce María, @DulceMaria (2 millones 543 mil), el cómico “Polo Polo”, @polo_polo (un millón 765 mil) y el periodista Carlos Loret de Mola, @CarlosLoret (un millón 664 mil). (Datos en http://twittercounter.com consultados el 19 de marzo de 2012).

 

Brevedad y superficialidad

 

En ese universo se despliegan las campañas electorales en Twitter. Los candidatos presidenciales y sus asesores no saben bien a bien qué hacer en las redes sociales pero es­tán convencidos de que tienen que estar allí. La mayor parte de sus mensajes son avisos de lo que es­tán haciendo: “Acabo de presentar mi solicitud de registro ante el IFE. Ha sido un momento muy emotivo. Gracias a todos”: Josefina Vázquez Mota, @JosefinaVM, el 17 de marzo. “Hoy regresamos a Dolores Hidalgo, cuna de nuestra Independencia, por­que nuevamente México dice: ¡Basta ya del mal gobierno!”: Enrique Peña Nieto, @epn, 12 de marzo. “Asistí a una reunión con los Rotarios del país en Puebla. Les conté de mi trayecto­ria de 35 años como dirigente social. Nos fue muy bien”: Andrés Manuel López Obrador, @lopezobrador_, el 25 de febrero.

También hay arengas que nunca llegan a ser demasiado enardecidas porque la retórica se estrella en la muralla de los 140 caracteres o reta­zos del proyecto de cada candidato, por lo general subordinado a las exi­gencias políticas de cada día. Lo que no existe es interlocución. No puede haberla porque los candidatos no están para leer tweets de sus segui­dores y ellos mismos siguen a pocos twitteros.

A mediados de marzo, Peña Nieto tenía 448 mil seguidores y seguía 76 cuentas, la mayor parte de persona­jes priistas y periodistas. Se trata de una relación de 5895 seguidores por cada cuenta seguida por ese candi­dato.

Vázquez Mota contaba con 359 mil seguidores y su cuenta seguía a 764 usuarios. Una relación de 470 seguidores por cada usuario que si­gue la candidata del PAN.

López Obrador, con 307 mil segui­dores en cifras redondas, seguía a 860 usuarios: una relación de 357 a uno.

El intercambio en Twitter es des­igual, pero tiene tres rasgos que lo distinguen de las interacciones en los medios convencionales: inme­diatez, apertura y contundencia. Las tres son tan evidentes que no hace falta definirlas. La instantaneidad puede favorecer la oportunidad, tan­to como la impremeditación. A las cuentas en Twitter, salvo que estén intencionalmente bloqueadas por el usuario, nos podemos asomar sin siquiera adherirnos a ellas como su­cede en Facebook.

En Twitter husmeamos tanto en los escenarios y plazas públicas como en los entretelones e inclu­so en las alcobas, dependiendo de la indiscreción de cada quien. Los mensajes allí colocados son a la vez susurros y exclamaciones, lo mismo partes oficiales que anticipaciones informales.

Y la brevedad, conduce casi siem­pre a las frases directas e incluso lapidarias. La argumentación en ex­tenso, requisito de una discusión de ideas, no tiene en Twitter su espacio más propicio.

Me apoyo en una descripción que ofrece la pensadora Beatriz Sarlo en su brillante libro La audacia y el cálculo, en relación con las con­tradicciones del gobierno de Néstor Kirchner y las extravagancias de la política argentina: “Los políticos no entienden la lógica de Twitter porque su propia lógica se opone a la de la red; sin embargo todos comparten la idea que la plataforma tiene una importancia fundamental y que ‘hay que estar allí’, por oportunismo tec­nológico, superstición obamista y la convicción más tradicional de que no puede quedar casillero sin marca”.

 

La política de clips

 

Los políticos son refractarios a Twitter y de manera más amplia a in­ternet, “no entienden la red porque la red no está hecha para el discurso político en términos modernos”, in­siste Sarlo.

En Twitter, de manera específica, hay un género discursivo emparen­tado con la concisión del eslogan diseñado para televisión. Pero el mensaje para la pantalla casera tie­ne respaldos visuales, a la vez que es por definición efímero: el político y sus guionistas buscan que la frase ante la cámara de televisión, enfati­zada con una sonrisa o un ademán de firmeza, impresionen y perma­nezcan en el ánimo del espectador. El mensaje de Twitter también tie­ne que ser breve pero por lo general aparece en medio de una multitud de frases muy variadas y queda re­gistrado para ser consultado, o leído más tarde, por los interesados.

El estilo en Twitter, para citar por última vez a la profesora Sarlo: “No se trata de enunciados sólo más cor­tos, sino de enunciados diferentes. No tienen como objetivo la demos­tración, sino la producción de una imagen lingüística o visual. Por eso, la subjetividad de quien enuncia es importante: al prescindir de la ar­gumentación, la política de clips de­pende casi por completo del poder de persuasión del sujeto y no del discurso”.

Por lo general, los adherentes en internet de un personaje político ya son simpatizantes o antagonistas suyos. Se requiere de una definición política previa para suscribirse a los mensajes de un candidato. Pero esa definición no es necesariamente a favor o en contra. En la campaña rumbo a la elección presidencial de 2012, estamos presenciando una expresión de búsqueda y curiosidad que lleva a millares de ciudadanos a suscribirse a las cuentas en Twitter de varios candidatos. En la actitud de esos usuarios de Twitter, la gran mayoría jóvenes, no se manifiesta el interés específico para respaldar a un candidato sino, más bien, para enterarse de qué dicen y quieren los aspirantes presidenciales.

A esos seguidores que no son ad­herentes nos referimos en nuestro artículo en Zócalo de enero pasado, donde dábamos cuenta de un ejerci­cio, realizado en diciembre de 2011, al revisar los casos de 25 suscripto­res a las cuentas de cada uno de los tres candidatos presidenciales.

Tres meses más tarde, la presen­cia de seguidores a los que podemos considerar como ciudadanos inde­pendientes se manifiesta con más claridad. En una nueva evaluación, realizada el 19 de marzo, encontra­mos en primer término un incre­mento notable en la cantidad de usuarios suscritos a las cuentas ofi­ciales de Peña Nieto, López Obrador y Vázquez Mota.

Los seguidores del candidato del PRI aumentaron más del doble, los de Vázquez Mota casi el doble y los del candidato del PRD y otros par­tidos casi el triple. Pero aunque tie­nen cifras de seguidores muy varia­das, los tweets de esas tres cuentas fueron reenviados casi en la misma cantidad de ocasiones. Los retweets en los siete días anteriores a esta evaluación, contabilizados en el si­tio Twitalyzer, fueron 794, 733 y 772 para cada candidato, como se indica en el Cuadro Uno. Llama la atención que en la evaluación en diciembre, los mensajes inicialmente publica­dos en las cuentas de los candidatos presidenciales y luego reenviados por algunos de sus simpatizantes, sumaron casi el doble: 1449, 1478 y 1418.

 

Más interés, menos reenvíos

 

Hay que subrayar que entre di­ciembre y marzo los seguidores de cada candidato se duplicaron y hasta triplicaron. De tal forma, el porcentaje de reenvíos en compa­ración con el número de seguidores es notoriamente menor. En diciem­bre, la cuenta de Peña Nieto tenía 7 retweets por cada mil seguidores; en marzo fueron solamente 1.8. La cuenta de López Obrador llegaba a fines de 2011 a 9.2 reenvíos por cada mil suscriptores y, tres me­ses más tarde, a 2.4. La de Vázquez Mota, retrocedió de 11.2 reenvíos por millar de seguidores, a 2.2.

No es claro si los seguidores están fatigados, abrumados, o si única­mente se tomaron en serio el perio­do de “intercampañas” y dejaron de contribuir a la propagación de los mensajes de los candidatos presi­denciales. También puede ser que la mayoría de los nuevos seguido­res de esas cuentas son ciudadanos más interesados en recibir que en reenviar tales mensajes: quieren estar al tanto, pero no intervenir en las campañas.

El periodo de campañas dentro de los partidos y la abstinencia política impuesta por las autoridades electo­rales no redujeron las contribuciones de tales candidatos a sus cuentas en Twitter. En diciembre, durante la se­mana anterior a nuestra ya menciona­da evaluación, la cuenta de Peña Nie­to tuvo 11 actualizaciones. En marzo, también la semana previa al corte que realizamos para este artículo, fueron 40. La cuenta de López Obrador fue igualmente parca en ambos periodos: tres mensajes en cada ocasión. La de Vázquez Mota pasó de 31 a 36 mensa­jes, como se indica enseguida.

El empleo de recursos de hipertex­to en esos mensajes fue similar. En 7 de cada 10 mensajes de Peña Nieto había ligas a otros sitios o cuentas de usuarios. López Obrador en cam­bio, o quienquiera que le escriba sus frases para Twitter, pasó del 33 por ciento al 66 por ciento en el uso de tales recursos. Vázquez Mota, del 77 por ciento al 61 por ciento.

 

Seguidores recientes

Los seguidores de los candidatos presidenciales tienen, salvo excep­ciones, poca participación en sus cuentas de Twitter. En marzo encon­tramos que, igual que en diciembre, los seguidores de Peña Nieto y Váz­quez Mota son más indolentes en Twitter que los seguidores de López Obrador. En parte, ese comporta­miento se explica debido a un ses­go metodológico de la muestra que utilizamos. En cada ocasión, toma­mos los 25 seguidores más recientes de cada una de las cuentas de los tres candidatos presidenciales. Eso implica que algunos de esos nue­vos seguidores pueden ser, también, nuevos suscriptores de Twitter. Otra porción está conformada por twitte­ros con cuentas poco activas, aun­que las hayan abierto más de un año antes.

En todo caso, no deja de ser sig­nificativo que los seguidores de Peña Nieto hayan enviado, en promedio, 113 tweets y los de Vázquez Mota, 136. Se trata de todos los mensajes enviados en todo el tiempo que han tenido sus respectivas cuentas. En contraste los seguidores de López Obrador, siempre en promedio, al­canzaron 260 envíos.

En la evaluación de diciembre, las cuentas que siguen a Peña Nieto se­guían además, en promedio, a 203 usuarios más. En marzo, como indi­ca el Cuadro Tres, esa cifra desciende a 97. Las cuentas seguidas por quie­nes se han afiliado a @lopezobrador_ eran 125 en diciembre, pero en mar­zo únicamente 90. Los seguidores de Vázquez Mota se interesaron en 118 cuentas en promedio en la evalua­ción de diciembre, y aumentaron a 134 en marzo.

 

Curiosos, no incondicionales

En distintos análisis acerca del em­pleo de Twitter en esta campaña presidencial se ha insistido en que los equipos de cada candidato abul­tan los seguidores de esas cuentas acudiendo a robots digitales. Ese re­curso se utiliza, en efecto, pero quizá algunos colegas han sobredimensio­nado la relevancia que tienen. Un programa para generar mensajes en Twitter repite las mismas frases, habitualmente las cuentas abiertas con ese mecanismo carecen de fo­tografías y sobre todo de tweets que las singularicen.

En las dos evaluaciones que he­mos realizado es difícil considerar, salvo en unos cuantos casos, que hayamos encontrado cuentas de Twitter que inequívocamente pue­dan ser consideradas como artifi­ciales. En diciembre, entre el 60 y el 80 por ciento de las cuentas eva­luadas mostraban fotografía propia. En marzo, como se muestra en el Cuadro Cuatro, ese recurso aparece en el 60 por ciento de las cuentas suscritas a @josefinavm, el 68 por ciento de las cuentas que siguen a @lopezobrador_ y en el 76 por ciento de las que se interesan en los men­sajes de @epn.

En diciembre nos llamó la aten­ción encontrar que la mayoría de los seguidores de López Obrador en Twitter eran, a su vez, seguidores de alguno de los otros candidatos presidenciales. Lo mismo ocurría con casi la mitad de los seguidores de Vázquez Mota y la tercera parte de aquellos que seguían entonces a Peña Nieto.

Esa práctica se ha mantenido e in­cluso incrementado. El 48 por ciento de los seguidores de los candidatos del PRD y el PAN siguen, a su vez, a uno de los otros dos. Y 6 de cada 10 seguidores de la cuenta de Peña Nie­to lo son, además, de las cuentas de López Obrador o de Vázquez Mota o de ambos.

Esos porcentajes permiten corro­borar que más que incondicionali­dad, los seguidores de las cuentas de los candidatos presidenciales tienen curiosidad. Y en la mayoría de los ca­sos revisados, no puede decirse que se trate de cuentas simuladas con artificios informáticos. Resulta difícil suponer que los operadores de una campaña hagan trampa fabricando usuarios simulados a los que afilian, además de a las cuentas de sus can­didatos, a los tweets de sus rivales.

 

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Última actualización el Miércoles 19 de Diciembre de 2012 16:38
 
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