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Un día después de la huelga en La Jornada

Un día después de la huelga en La Jornada

Huelga Final 05 jul17

La crisis entre la comunidad periodística de La Jornada, provocada por la huelga iniciada el viernes pasado, mostró la diversidad de desafíos de una publicación independiente ante las difíciles condiciones económicas que registra la empresa.

La crisis mostró a un sindicato dispuesto a estallar la huelga para defender los derechos inculcados a sus agremiados; una empresa apremiada por las insuficiencias económicas que no criminaliza el paro sindical pero que explica las razones que la obligaron a dejar de cumplir con algunas prestaciones, no salariales, con sus trabajadores. Paralelamente al conflicto, una colectividad de colaboradores y lectores llamaron la atención ante lo que consideraban riesgos de existencia del mismo diario por el paro sindical, recordando los aportes de La Jornada al periodismo crítico e independiente del país por más de tres décadas. En este tipo de movilización social, no faltaron las pasiones de pro-huleguistas y sus oponentes, pero no pasó de ese terreno.  

Los cinco días de huelga en La Jornada sacaron a la luz pública, el desgaste de una negociación infructuosa que implicaba la mutilación, al menos temporal, de la mayoría de las prestaciones logradas durante tres décadas de relaciones laborales.

La crisis económica que registra  las finanzas del periódico imposibilitó a la empresa, según su versión, continuar otorgando las prestaciones salariales a los sindicalizados -argumentos válidos-, que no la eximía de su responsabilidad frente a la parte sindical, y que está obligada a cumplir.

Llama la atención que una publicación como La Jornada con tanta tradición periodística en el país, no haya logrado en más de tres décadas, una consolidada pauta publicitaria del sector privado, que le permitiera librar con mayor holgura, la falta de asignación publicitaria gubernamental, ya sea por reducción del gasto público o por boicot publicitario. Periódicos igual de importantes como La Jornada, mantienen una fuerte dosis de publicidad privada.

En medio de esa crisis económica estalla la huelga por las razones de todos conocidos. Esa colectividad de intereses paralelos y comunes, se confrontó por la huelga, pero cada quien y a su modo defendió a la comunidad. Ni los trabajadores, administrativos y periodistas que respaldaron la huelga buscaron desaparecer al periódico, ni quienes decidieron permanecer dentro de las instalaciones, traicionan el interés público por mantener la línea periodística del diario, éste sí, formado y dirigido por periodistas.

Habrá que hacer el recuento del movimiento de huelga legítimo, mientras que la empresa deberá responder a las demandas de la parte sindical. Reconocimiento merecen quienes alzaron la voz, defendiendo el interés público de un periódico independiente.

Extraña la aplicación en este movimiento de la “huelga de puertas abiertas”, una figura que escamotea los derechos de los trabajadores, que como lo vimos en este movimient0, divide aún más a los trabajadores.  Una figura que resta fuerza a la parte sindical, creada en los gobiernos neoliberales recientes.

Quedan abiertas varias dudas respecto de lo que se obtuvo. Judith Calderón, Secretaria General del Sindicato dice que la lucha sigue. En el discurso de la entrega de las instalaciones dijo que habían ganado aunque sabemos que Conciliación y Arbitraje ordenó el levantamiento de la huelga. Afirma que la lucha se librará en otro plano y que los trabajadores seguirán con sus demandas reivindicatorias. Dijo que se consiguió evitar represalias contra los trabajadores y que el diálogo con la empresa se mantendrá activo para hacer valer sus demandas. Por lo pronto los jornaleros están de vuelta y lo deseable es que la reestructuración sea para bien de periodistas y trabajadores, y de sus lectores. 

  

  Clic para reproducir, clic en texto para pausar La crisis entre la comunidad periodística de La Jornada, provocada por la huelga iniciada el viernes pasado, mostró la diversidad de desafíos de una publicación independiente ante las difíciles condiciones económicas que registra la empresa. La crisis mostró a un sindicato dispuesto a estallar la huelga para defender los derechos inculcados a sus agremiados; una empresa apremiada por las insuficiencias económicas que no criminaliza el paro sindical pero que explica las razones que la obligaron a dejar de cumplir con algunas prestaciones, no salariales, con sus trabajadores. Paralelamente al conflicto, una colectividad de colaboradores y lectores llamaron la atención ante lo que consideraban riesgos de existencia del mismo diario por el paro sindical, recordando los aportes de La Jornada al periodismo crítico e independiente del país por más de tres décadas. En este tipo de movilización social, no faltaron las pasiones de pro-huleguistas y sus oponentes, pero no pasó de ese terreno.   Los cinco días de huelga en La Jornada sacaron a la luz pública, el desgaste de una negociación infructuosa que implicaba la mutilación, al menos temporal, de la mayoría de las prestaciones logradas durante tres décadas de relaciones laborales. La crisis económica que registra  las finanzas del periódico imposibilitó a la empresa, según su versión, continuar otorgando las prestaciones salariales a los sindicalizados -argumentos válidos-, que no la eximía de su responsabilidad frente a la parte sindical, y que está obligada a cumplir. Llama la atención que una publicación como La Jornada con tanta tradición periodística en el país, no haya logrado en más de tres décadas, una consolidada pauta publicitaria del sector privado, que le permitiera librar con mayor holgura, la falta de asignación publicitaria gubernamental, ya sea por reducción del gasto público o por boicot publicitario. Periódicos igual de importantes como La Jornada, mantienen una fuerte dosis de publicidad privada. En medio de esa crisis económica estalla la huelga por las razones de todos conocidos. Esa colectividad de intereses paralelos y comunes, se confrontó por la huelga, pero cada quien y a su modo defendió a la comunidad. Ni los trabajadores, administrativos y periodistas que respaldaron la huelga buscaron desaparecer al periódico, ni quienes decidieron permanecer dentro de las instalaciones, traicionan el interés público por mantener la línea periodística del diario, éste sí, formado y dirigido por periodistas. Habrá que hacer el recuento del movimiento de huelga legítimo, mientras que la empresa deberá responder a las demandas de la parte sindical. Reconocimiento merecen quienes alzaron la voz, defendiendo el interés público de un periódico independiente. Extraña la aplicación en este movimiento de la “huelga de puertas abiertas”, una figura que escamotea los derechos de los trabajadores, que como lo vimos en este movimient0, divide aún más a los trabajadores.  Una figura que resta fuerza a la parte sindical, creada en los gobiernos neoliberales recientes. Quedan abiertas varias dudas respecto de lo que se obtuvo. Judith Calderón, Secretaria General del Sindicato dice que la lucha sigue. En el discurso de la entrega de las instalaciones dijo que habían ganado aunque sabemos que Conciliación y Arbitraje ordenó el levantamiento de la huelga. Afirma que la lucha se librará en otro plano y que los trabajadores seguirán con sus demandas reivindicatorias. Dijo que se consiguió evitar represalias contra los trabajadores y que el diálogo con la empresa se mantendrá activo para hacer valer sus demandas. Por lo pronto los jornaleros están de vuelta y lo deseable es que la reestructuración sea para bien de periodistas y trabajadores, y de sus lectores.     Reproduce la nota

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