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“No sabían que éramos semilla”. La presencia/ausencia de los 43 desaparecidos que marcó a la FIL 2014

 

Guadalajara, Jal.- ¡1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 19, 20, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 36, 37, 38, 39, 40, 41, 42, 43!: ¡Justicia! ¡Justicia! Se dejó escuchar en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, la tarde del 3 de diciembre, cuando un grupo de 43 jóvenes organizó de forma sorpresiva un flash mob en los pasillos de una feria que en los últimos días de noviembre y diciembre conjuntó a los lectores con la clase intelectual y literaria de México e Iberoamérica.

Vestidos con playeras negras y con los labios clausurados por una cinta con la leyenda “Narco-Estado”, estos jóvenes que simulaban ser asistentes a la FIL se conjuntaron en el área internacional de la Expo Guadalajara. Fueron a  rendir memoria a los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa que desaparecieron la noche del 26 de septiembre cuando tras ser detenidos arbitrariamente por elementos de la policía municipal de Iguala y Cocula, Guerrero, fueron entregados a integrantes del cártel “Guerreros Unidos”. Esto de acuerdo con la versión oficial que se dio a conocer el 7 de noviembre.

Hasta ese espacio letrado llegaron todos y bastó el sonido de un silbato para que ipso facto estos 43 jóvenes cayeran al piso y colocaran en sus rostros la foto de cada uno de los 43 normalistas. La mirada desconcertante de quienes caminaban por los pasillos de la feria también se hizo presente. El silencio se rompió cuando uno de los caídos gritó: “Quisieron enterrarnos”, al oírlo sus compañeros se
reincorporaron y quitándose el sello de sus labios gritaron: “Pero no sabían que éramos semillas”. Concluido el grito, comenzaron a contar hasta el 43, se levantaron mostrando pancartas y los medios asistentes a la FIL ya estaban ahí retratando su osadía. Esta vez, a diferencia de otras emisiones de la misma FIL, no hubo represión ni censura; al contrario, esta fue una feria del libro marcada por la ausencia y, a la vez, presencia de los 43 normalistas desaparecidos.

Todos los actos de protesta y memoria por lo sucedido con los 43 normalistas iniciaron de manera inesperada en la inauguración de la FIL, el 29 de noviembre, pues desde la “protesta de corbatas” (por venir de funcionarios y universitarios) se comenzaron a escuchar voces que, hasta antes de este evento, no se habían pronunciado respecto del tema. Así fue como el presidente del patronato de la feria, Raúl Padilla, expresó: “Resulta insoslayable la mención al caso Ayotzinapa que tanto dolor e indignación ha generado entre los mexicanos, dolor incluso más allá de nuestras fronteras y que ha revelado lo gravemente que la nación y el Estado mexicano se han visto afectados por el crimen organizado”.

Sin embargo, la verdadera toma de conciencia y acción crítica no llegó desde esos estrados sino desde las acciones individuales y colectivas que dentro y fuera de la FIL se tejieron como actos de memoria, jamás de olvido. Muchos editores, escritores y periodistas usaron todo espacio posible para recordar la responsabilidad del Estado ante los hechos sucedidos en Iguala, pero de la misma manera recordaron que el país tiene más de 26 mil desaparecidos.

 

Argentina y México, unidos mediante los ausentes

La FIL cada año tiene un país invitado, para esta última edición fue Argentina. País que, como nosotros, sabe de desapariciones y crímenes de Estado. Por ello, la participación de Estela de Carlotto, presidenta de las “Abuelas de la Plaza de Mayo”, fue uno de los crisoles más importantes para reflexionar el tema de las desapariciones en México.

Ella, con una capacidad de escucha tremenda, no sólo se reunió con los padres de los 43 normalistas desaparecidos (ahora sólo 42, tras la confirmación de que los restos de uno hallados en el río San Juan, en Cocula, pertenecen a Alexander Mora Venancia) sino que también lo hizo con las madres de los desaparecidos de Jalisco. 

Carlotto, quien en agosto de 2014 se reencontrara con su nieto Guido, tras tres décadas de búsqueda, precisó que la esperanza debe estar en la vida y no en la muerte; por ello, exhortó a las madres de los desaparecidos a no olvidar, pero también reclamó al Estado su falta de justicia, porque: “Si esto no se esclarece, no se juzga y se condena, esto se repite porque es el mal ejemplo de que el
Estado no se compromete, y si la sociedad no se compromete acompaña al Estado, a juzgar y condenar al que cometió un crimen”, expresó en su participación en el marco de la FIL, el día 4 de diciembre.

“Buscar pruebas, buscar evidencias, no desmayar. Ver qué más se puede hacer para saber la verdad. Por supuesto, lo más importante es buscarlos con vida; eso nunca se puede dejar”, apuntó quien es un símbolo en la búsqueda de los desaparecidos en Argentina.

 

¡No están solos! ¡No están solos!

Fue el grito que se escuchó después de la transmisión especial del Foro TvMorfosis dedicada a analizar la cobertura mediática del caso Ayotzinapa. Este espacio, auspiciado por Canal 44 de la Universidad de Guadalajara, consideró vital hablar de lo que han dicho y omitido los medios, periodísticamente hablando, en la cobertura que han dedicado para hacer entender a la población lo que pasó y ha pasado alrededor de los 43 normalistas.

Con invitados pertenecientes a colectivos estudiantiles como MásDe131 del ITESO o Estudiantes de Posgrado del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la UdeG, además de miembros adherentes al movimiento Ayotzinapa Somos Ayotzinapa-Jalisco, se concluyó que los medios no sólo han sido omisos sino cómplices de un Estado que, a través de las principales televisoras del país, no sólo ha querido minimizar el tema (y sus responsabilidades) sino también ha buscado criminalizar a los  42 desaparecidos y a los miles de manifestantes que han salido a las calles a exigir justicia.

El grito de “No están solos” sucedió dentro de TvMorfosis porque en este espacio se dio voz a Rafael López, padre de Julio César López Patolzin (uno de los 42 normalistas aún desaparecidos), quien de manera firme expresó ante las cámaras de Canal 44: “Dicen que esto no es verdad… pero ya son dos meses que hemos estado sufriendo desde que desaparecieron nuestros hijos. Todos los desaparecidos son mis hijos, porque todos los padres somos hermanos del mismo dolor (…) las autoridades nomás nos engañan, tenemos ese coraje, esa rabia de que según andan buscando a los muchachos pero no vemos respuesta… andan jugando con nosotros… los buscan en fosas, en el Semefo… pero a ellos se los llevaron vivos y vivos nos los tienen que entregar”.

Una marcha solidaria en 2014, que contrasta con la que fue  reprimida hace a dos años en las afueras de la FIL Hace dos años, el 2 de diciembre de 2012, manifestantes y simpatizantes al #YoSoy132 organizaron una marcha con rumbo a la Expo Guadalajara, sede de la FIL. Sin embargo, no pudieron llegar a ella, porque un fuerte operativo policiaco no sólo “encapsuló”  a la FIL, sino que reprimió con fuerza a los manifestantes. En esa ocasión, la FIL y sus escritores guardaron silencio.

Tal y como ya lo habían hecho años atrás cuando poco antes de inaugurar la FIL del 2011 se encontraron los cuerpos de 26 personas abandonados debajo de los Arcos del Milenio, lugar ubicado a menos de diez minutos de la feria del libro. O como lo que sucedió en 2013, cuando la Caravana de
Madres Centroamericanas que acudió a la explanada de la FIL para mostrar la foto de sus hijos, fueron rápidamente acosadas y acordonadas por elementos de seguridad. En 2014, escritores como Paco Ignacio Taibo, Juan Villoro, Armando Vega Gil y Benito Taibo rompieron el silencio y la distancia mostrada ferias atrás y acompañaron a la marcha a favor de Ayotzinapa que salió de la FIL, el 1 de diciembre.

Este año, los 43 normalistas desaparecidos marcaron de una y muchas maneras a la Feria Internacional del Libro. Como nunca antes la crítica de las letras se cruzó, por varios momentos, con la indignación de las calles.

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